El DJ más joven del mundo: ¿¡Pero qué C***!!?

El DJ más joven del mundo tiene poco más de 3 años y ha ganado un talent show de la televisión. ¿Debería un niño de tan corta edad aparecer en festivales o debería tener una vida normal? ¿Donde está la línea de la explotación?


Cuesta mucho poder contar esta historia intentando no posicionarse. Le he dado vueltas a este tema durante un rato, intentando no escribir unas lineas llevado por la rabia que me provoca este tema. Pero he llegado a la conclusión de que estoy escribiendo en mi propio blog y que si algo me cabrea, debería decirlo en voz alta.

Partimos del hecho de que el mundo del espectáculo a menudo tiene sombras y luces (muchas más sobras que luces diría yo) y a la hora de hablar de jóvenes artistas (muy jóvenes) dedicados a este mundo, casi todas las luces que pueda haber se vuelven sombras.

Hoy quiero hablar de una historia que ya conocí hace un año más o menos, cuando muchos medios de comunicación publicaron que un jovencísimo DJ había ganado un talent show de la televisión de Sudáfrica. El pinchadiscos en cuestión contaba con poco más de dos años de vida y ya tocaba los platos de una mesa de Dj (bueno, controladora) como un experto. Al menos, eso es lo que decían todos. Pero mi indignación llegó cuando vi el vídeo de la final del programa y observé a un chaval que no levantaba mucho del suelo tocando la controladora con una expresión en su cara que se asemejaba a la cara que ponen las vacas cuando llega el tren, mientras todo el mundo aplaudía y se volvía loco, como si el niño estuviera volando (poco menos). Mientras todo aquello pasaba, el padre de la criatura, permanecía muy cerca del niño en el escenario.

Cualquiera que vea el vídeo, puede ver a un niño al que simplemente le han dicho que botones hay que apretar o que fader hay que subir, el chaval lo ha aprendido a través de repeticiones y no hace más que lo que ha hecho un millón de veces, sin saber lo que realmente está haciendo. (hasta le han puesto un juego al lado para ayudarle a hacerlo!).

Aquel espectáculo me supuso un buen enfado, que me guardé para mí mismo intentando no hacer mucho caso al nuevo fenómeno viral.

Tiempo después, casi un año más tarde, una nueva publicación en el diario El País hablando de este chaval volvió a recordarme el enfado que me producen este tipo de cosas. Y entonces si, me decidí a escribir sobre ello.

Resulta que el niño, además de haber ganado el concurso aquel, está desarrollando toda una carrera artística llevada por su propio padre, quien se empeña en subir constantemente vídeos del artista pinchando en las redes sociales. Además, según cuenta la publicación, están preparando varios bolos donde el chaval divertirá a la gente con su talento. Y lo que más me cabreó: Hace poco estuvo pinchando en un festival (un sitio idóneo para un niño de 3 años) llamado Festival Back to the Old Skool. Un festival en el que incurren algunos DJ’s de la vieja escuela. Hasta aquí la noticia.

A partir de aquí voy a soltar mi opinión sin filtros (solo aviso)

Hemos visto en muchas ocasiones casos de niños cantores, bailarines, deportistas o que incurren en otra clase de habilidades. Son una garantía de éxito para cualquier show televisivo, para cualquier espectáculo y a menudo ocupan noticias anecdóticas que hacen mucha gracia a la gente.

Pero en la mayor parte de los casos, detrás de estos jóvenes talentos, solo hay padres empeñados en hacer dinero a través de la ricura de sus hijos y no dudan en entrenarlos y explotarlos durante los años en los que estos no tienen verdadera consciencia y no pueden decir  “No papa, no quiero hacer esto“.

El cerebro de los seres humanos es capaz de aprender mucho más deprisa cuando somos más jóvenes, con solo 2 años muchos niños son capaces perfectamente de manejar el móvil. Cuando esto simplemente es una anécdota de familia, está bien. Pero cuando se convierte en un espectáculo, tenemos un problema.

Me vienen a la mente comparaciones de este caso con los animales del circo, a los que enseñaban (y en muchos casos aún lo hacen) a hacer piruetas y cabriolas a través de entrenamientos muy duros, en los que a menudo había torturas (y aún hay).

Los casos de niños explotados por su padres que, en el mejor de los casos, intentan cumplir a través de ellos sus sueños frustrados es muy viejo y lo hemos visto siempre. Pero me avergüenza que esto siga sucediendo a día de hoy delante de todo el mundo. Lo que me más me enfada son los miles de bobos que se ríen y aplauden este tipo de cosas, cuando el sitio en el que tiene que estar un niño no es un plató de televisión y mucho menos un festival.

El artículo en el que se ha inspirado este post preguntaba ¿Qué condena habría que aplicarle a los padres de este niño?. Para mí la única respuesta lógica es que esos padres no merecen tener un hijo y que ese niño merece una infancia normal.


En este artículo no he utilizado la imagen del niño en la portada del post ni su nombre a lo largo del artículo por respeto a un menor de edad y porque no quiero darle más bombo a un tema que me parece absurdo. Tampoco he mencionado intencionadamente el nombre del talent-show. Aunque en las etiquetas del post si que están los nombres con el fin de etiquetar correctamente el tema.

About Raúl Fernández

Diplomado como Locutor de Radio y Televisión, Técnico de Sonido y productor de contenidos audiovisuales. Puedes escucharle los fines de semana en UNIKA FM para todo el país. Además escribe en blogs musicales.